La tarde era hermosa en la quinta y aprovechabamos para jugar con Matías en el pasto. Un juego clásico es el de agarrarlo de los brazos y hacerlo girar rápido para que se levante del piso (casi siempre, solicitado por él: "papi, papi.. a girá, a girá").
Como siempre que lo giro, Mati reía a carcajadas.
Andre estaba mirándonos desde cerca, disfrutando de ver feliz a su hijo. Cuando frenamos, se me acercó y me dijo que había recordado algo, que hace mucho tiempo, cuando recién empezabamos nuestro noviazgo y estabamos paseando por un parque, le señalé a un padre que jugaba con su hijo dandole vueltas tal como yo lo había estado haciendo y le dije que yo quería poder hacer eso, que sería hermoso poder ver a tu hijo riendo porque vos estás jugando con él.
Recordé inmediatamente la escena y no pude menos que enorgullecerme al ver mi viejo anhelo cumplido. Mati estaba ahí, riendo todavía y yo era ese padre feliz que alguna vez vi y que soñé para mi futuro.
Mi sonrisa y mi satisfacción fueron enormes.
Junio 2008, dos años y dos meses
No hay comentarios:
Publicar un comentario